Las reformas fiscales impulsadas por el Poder Ejecutivo tendrían un efecto en el nivel de endeudamiento del Gobierno, pero no aliviarían por completo las presiones sobre la deuda, cuya relación con el producto interno bruto (PIB) se mantendría por encima del 60%.
De acuerdo con las proyecciones del Ministerio de Hacienda, el endeudamiento se situaría en torno al 63% durante los próximos años.
Es decir, incluso si se aprobaran de forma íntegra las reformas fiscales anunciadas el pasado 22 de julio, la deuda se mantendría por encima del umbral del 60% del PIB, por lo que continuarían vigentes las condiciones más estrictas de la regla fiscal, que establece limitaciones en el gasto de inversión e implica el congelamiento de los salarios y pensiones con cargo al presupuesto.
Víctor Carvajal, viceministro de Ingresos de Hacienda, indicó que las medidas contempladas son las ya presentadas por el gobierno. Estas buscan combatir la evasión fiscal, el comercio ilícito, el contrabando y optimizar los procesos de cobro.
La Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas establece que, cuando la deuda supera el 60% del PIB, se aplican límites más estrictos al crecimiento del gasto público. Esta medida volverá a aplicarse en el presupuesto del 2027, ya que en 2025 la deuda cerró en 60,4%.
Sin embargo, las restricciones volverán entre 2028 y 2033, con la nueva proyección, lo que abarcaría casi toda la administración de Laura Fernández y, al menos, los primeros tres años del gobierno siguiente.
De concretarse esa trayectoria, sería necesario un descenso significativo de la deuda para que la relación deuda/PIB vuelva a ubicarse por debajo del 60% y puedan relajarse las restricciones de la regla fiscal.
Escenarios previstos por Hacienda
Los proyectos del gobierno harían que el nivel de la deuda crezca a un ritmo menor. Alcanzaría un máximo de 63,8% del PIB para 2029 y luego descendería hasta 63,3% en 2031, según las proyecciones de Hacienda.
En contraste, sin hacerse nada, la tendencia es que la deuda alcance el 68,8% de la producción en cinco años.
Fernando Rodríguez, exviceministro de Hacienda, explicó que esto puede suceder porque la dinámica de la deuda pública responde a varios factores y no solo a los ingresos adicionales que generarían las reformas fiscales.
El exjerarca indicó que los ingresos adicionales pueden mejorar el superávit primario, lo cual podría ayudar a reducir el endeudamiento respecto al PIB, pero añadió que también incide lo que suceda con el crecimiento de la economía y con el costo de la deuda.
“Probablemente, las medidas que se están planteando no van a tener un gran impacto en términos de ingresos adicionales como para generar una reducción sostenida (de la deuda)”, aseguró Rodríguez.
¿La reforma fiscal elevará la recaudación?
El exviceministro de Hacienda afirmó que existe la incógnita sobre lo que generarán, en términos del PIB, los proyectos de ley propuestos para mejorar la recaudación. Agregó que cuando se trazan reformas fiscales se establece un objetivo, pero se desconoce el impacto de las iniciativas anunciadas.
“El gobierno no ha dicho cuánto va a producir la reforma propuesta. Hasta el momento, no se conocen todos los proyectos. Es muy complicado tratar de proyectar qué puede pasar (...). En este momento no existe un plan en términos de qué va a pasar y cuáles son las proyecciones. No sabemos cuál es el objetivo, la meta de la reforma, ni cómo se distribuye”, dijo Rodríguez.
Para mayo, la relación entre la deuda y el PIB se ubicó en 60,5%, ligeramente por encima del 60,4% registrado al finalizar el año pasado. La mayor parte del endeudamiento corresponde a deuda interna, equivalente al 47,2% del PIB, mientras que la deuda externa representa el 13,2% del producto.
La deuda del Gobierno Central ascendía a ¢32,42 billones (equivalentes a $70.829 millones). El incremento obedeció tanto al aumento de la deuda interna, que creció en ¢1,77 billones, como de la deuda externa, que aumentó en ¢655.163 millones.
Endeudamiento empeora sin reformas
No obstante, la estimación presentada en la conferencia de prensa de la presidenta de la República, Laura Fernández, también muestra que el endeudamiento aumentaría con más fuerza en los siguientes años si no se aprueban las medidas fiscales.
La nueva proyección empeoró respecto a la divulgada en marzo pasado, pues la deuda alcanzaría el 68,8% del PIB en 2031, 1,6 puntos porcentuales (p. p.) por encima de la previsión anterior, si no se implementan reformas.
“Si no hacemos nada, la deuda llegará en el 2031 al 68,8%. Eso quiere decir un escenario catastrófico a nivel económico. Si aplicamos las medidas, la situación será más favorable”, se menciona en la locución del video en el que se mostró la proyección, el pasado miércoles 22 de julio.
En el Marco Fiscal de Mediano Plazo 2026-2031, elaborado por Hacienda y publicado en marzo, el escenario base también anticipaba una trayectoria creciente de la deuda, aunque estimaba que llegaría al 67,2% del PIB en 2031.
El exviceministro de Hacienda consideró que el panorama fiscal del país pasó de ser “frágil” a una situación “delicada”, aunque sin llegar a ser del todo crítico.
“Requiere atención y, sobre todo, la implementación de soluciones. El hecho de que se esté proyectando que en cinco años la deuda pueda crecer siete puntos del PIB es una cuestión que debe llamar mucho la atención”, agregó Rodríguez.
La nueva proyección presenta un panorama más desfavorable en cuatro de los cinco años analizados. La única excepción es 2026, cuando el nivel de endeudamiento se mantiene en 62,2% del PIB, igual que en la estimación de marzo.
Elian Villegas, exministro de Hacienda, comentó que con la reforma fiscal del 2018, lo que se buscaba era alcanzar la sostenibilidad de la deuda, con la generación de superávits primarios y la reducción del déficit fiscal, lo que permitía reducir gradualmente el endeudamiento.
Sin embargo, Villegas señaló que en los últimos años, los superávits primarios han sido decrecientes, lo que ha incidido en mayores necesidades de endeudamiento por parte del Gobierno para financiar el gasto público.
“En 2023, 2024 y 2025 los superávits primarios fueron decrecientes. Esto implicó que la deuda pública fuera incrementándose como una necesidad para financiar el gasto público. Las decisiones que se han tomado en materia de recaudación fiscal no son las adecuadas”, agregó Villegas.
Panorama actual
Según un análisis del Observatorio Económico y Social (OES), de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional (UNA), en los primeros cinco meses del año, el deterioro de los ingresos tributarios y el repunte del gasto por intereses de la deuda presionan las finanzas públicas.
Con corte a mayo pasado, los ingresos totales representaron el 5,70% del PIB, inferior al 6,01% registrado en el mismo periodo del año pasado, lo que equivale a una reducción de 0,31 p. p.
De acuerdo con el informe, el resultado obedece a la disminución de los ingresos tributarios, que pasaron de 5,32% a 5,01% del PIB. El principal factor detrás de esta disminución es la menor recaudación del impuesto sobre la renta, aunque el impuesto al valor agregado (IVA) también muestra una pérdida de dinamismo.
En el caso del gasto público, según el OES-UNA, el pago de intereses de la deuda vuelve a cobrar protagonismo como uno de los principales factores de expansión del gasto.
El cambio resulta relevante porque el gasto por intereses fue el componente que registró la mayor reducción durante 2025. Sin embargo, retomó una trayectoria ascendente en 2026. “De mantenerse esta tendencia durante el resto del año, el pago de intereses aumentaría como porcentaje del PIB”, alertó el OES-UNA.