Quien asuma las riendas del país a partir del 8 de mayo deberá sortear una serie de desafíos económicos ante un panorama donde la incertidumbre prevalece, las amenazas de desaceleración están latentes y en un entorno internacional donde las reglas cambian con mayor frecuencias y profundidad.
El mundo experimenta una vorágine excepcional en el crecimiento exponencial de las grandes riquezas, mientras que la desigualdad y las alternativas para gravar estos capitales seguirá sin tocar a las compañías estadounidenses.